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Más que Guerra Fría, ‘Paz Fría’

1 Mar

Moscow celebrates 74th anniversary of 7 November 1941 Red Square ParadeMe puse camisa por primera vez en 2017 y me planté en una conferencia de 4 horas en inglés sobre relaciones Rusia-Occidente, la nueva Guerra Fría, algo ligerito en horario de desayuno. “Sí, de Crónicas Rusas vengo”, y me tenían asiento reservado, rodeado de investigadores sesudos, corresponsales y diplomáticos. Mirad lo que habéis conseguido, que acabe escribiendo en el blog sobre cosas serias… “Sí, se puede hablar de nueva Guerra Fría, pero de baja intensidad, sin la contraposición de sistemas antagónicos de entonces y sin riesgo real de una colisión nuclear, a pesar de cierta retórica para consumo interno”, reflexiona el joven Iván Timofeev, primer ponente.

El motivo que mueve a Moscú ya no es ideológico, dice, sino derrocar el orden liderado por Occidente resultante de la primera Guerra Fría, o como poco un nuevo equilibrio de seguridad en el patio de atrás, digo espacio ex-soviético. “Apoyando opciones antisistema en Occidente, sean de izquierdas o derechas, o al mismo Trump, que es un verso suelto, el Kremlin alienta una división cuyo fruto deseado sería establecer lazos bilaterales país-país en condiciones más ventajosas”. O sea, el divide y vencerás de toda la vida.

¿Cómo hemos llegado a este revival? “Por desconfianza o prejuicios, mientras se integraba a otros países del bloque al caer la URSS, a Rusia se la continuó viendo como enemigo y se falló en invitarla a una estructura paneuropea de seguridad”. A diferencia de la primera ‘contienda’, sigue Timofeev, ahora hay una importante asimetría económica y militar entre bandos. La URSS era la segunda economía del mundo, hoy el PIB ruso es inferior al italiano, que tiene menos de la mitad de población. Rusia no solo está menos desarrollada industrialmente que Occidente, también hay actores en Oriente que le están pasando por la derecha.

Pero la economía no lo es todo, al menos a orillas del Volga… ¿Sanciones? “El pueblo ruso puede soportar esta y bastante peores situaciones económicas sin cuestionarse el poder político, algo que no se entiende desde Occidente, porque se relativiza la crisis de los años noventa, cuyo recuerdo está todavía muy presente”, contesta Vladislav Inozemtsev, segundo ponente, miembro prototípico de la inteligentsia rusa, sabio, desaliñado y poco elocuente. “El capitalismo se introdujo de forma salvaje; el desgobierno, el caos y la mafia de aquellos años trajeron un descrédito para la recién llegada democracia, gestando un sentimiento de rencor que Putin ha sabido capitalizar”.

Tampoco eso convierte a Rusia en especial, contesta Ulrich Beck, investigador del Instituto Elcano, anfitrión de la conferencia, no es ni el primer ni el último país europeo resentido en algún momento histórico por haber perdido el status de potencia, “pregunten sino a España, Gran Bretaña o Portugal”. Como los actuales líderes rusos crecieron en la URSS, sigue, tienen ese complejo muy marcado, un mensaje que se está transmitiendo a nuevas generaciones, repetido machaconamente en los medios, el patriotismo, la grandeza de Rusia…”Más que una guerra es una Paz Fría, pero va a ser larga, estamos ante la nueva normalidad en las relaciones Moscú-Occidente”.

Normalidad, en todo caso, condicionada al pie con que se levante Trump. “No sabemos cuál será su siguiente tuit, pero la Unión Europea no puede tratar con Rusia por si sola, debido al factor nuclear, sería fácil de chantajear e intimidar militarmente”. Según Jeffery Mankoff, ponente estadounidese, Trump se va a reprimir en sus movimientos hacia Rusia hasta que se aclaren sus supuestas conexiones y las de su equipo con Moscú. De lo que no cabe duda, sentencia, es de la afinidad ideológica y hasta admiración del entorno de Trump hacia Putin, “hacia su régimen eminentemente cristiano, conservador y nacionalista”.

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¿Me estoy rusificando?

10 Nov

Depardieu--644x362Espero que un poco sí, qué clase de inmigrante sería de lo contrario. No hace falta buscar ‘el alma rusa’, como he escuchado a algún bohemio pedante, ni tampoco se necesita “follar demasiado”, como cuenta Xavi Colas, basta con ser un poco permeable para desarrollar empatía y hasta cierto sentido de pertenencia hacia el país que te acoge. Éste, en concreto, uno de fuerte personalidad y población sufrida pero orgullosa. Rusificarse no significa estar a favor o en contra de Putin, porque los políticos de turno no definen un país, aunque a algunos les encante pensarlo. No, Vladimir Vladimirovich estará bajo tierra y los rusos seguirán teniendo más en común con los ucranianos que con los chinos, seguirán echando smetana/nata a la sopa o celebrando la concesión de un visado como un gol de su equipo de fútbol.

A esa rusificación me refiero, del tipo de nuevas rutinas adquiridas que ya solo percibes cuando pasas por la patria o recibes visita. Mis viejos amigos españoles me miran como a un alienígena cuando ahora, antes de brindar, doy un discurso kilométrico, grandilocuente y repleto de lugares comunes. Qué le voy a hacer, el clásico “chin-chin” me parece una vulgaridad, lo mismo que correr para no perder el metro o no poder estar en manga corta en casa en invierno. Rusificarse es ver biatlón por la tele, regalar flores sin que se muera nadie o abrir siempre las puertas a las chicas. Es acostumbrarse al ceño fruncido de los camareros y al aspecto postapocalíptico de las zonas comunes de los edificios de viviendas. Rusia no me ha regalado nada, confieso incluso que después de dos años estuve a punto de tirar la toalla, acorralado por la burocracia. Pero se solucionó a última hora, de milagro y gracias a favores, que es como se solucionan las cosas aquí. El día de reyes cumplo cuatro años, y sí, me debo estar rusificando, aunque ya os digo que nunca le he echado ni le echaré smetana a la sopa.

Un tanque a la puerta de casa

28 Jul

armataAl españolito de mi generación, que creció entre Espinete y los Fruitis, le impacta la devoción rusa por las armas. He visto deportistas de élite posando con rifles en su presentación a la prensa, una tienda de ballestas en un mercado de verdura o botellas de vodka con forma de Kalashnikov.

“Mira, Masha”, le dice un padre a su pequeña, a la que lleva a hombros para que lo vea mejor, “es el nuevo modelo (de tanque) Armata, con cañón de 125 milímetros y torre teledirigida”. Es una tarde de finales de abril y las calles del centro de Moscú están atestadas de flores, digo carros blindados. Los soldados a lomos de las bestias de acero posan impertérritos durante horas, más tiesos que velas, esperando turno para desfilar. En las amplias aceras de Tverskaya se aglomeran groupies de toda edad y condición, uno puede leer la ilusión en sus rostros. La fascinación rusa por las armas no es como la estadounidense, de revólveres en la mesilla de cama y películas de John Wayne rescatando diligencias. No, en Rusia, a excepción del celebérrimo kalashnikov, les gustan las armas pesadas, las del ejército, inclinación forjada en los tiempos de Guerra Fría.

armata3“Me siento segura cuando lo veo”, confiesa orgullosa una joven preguntada por un reportero occidental a la puerta de una cafetería. A su lado, una lanzadera de misiles intercontinentales, de los que mataría a un millón de personas de pulsarse el botón rojo por error. Es uno de los varios ensayos del desfile de la victoria, que se celebra cada 9 de mayo en la Plaza Roja, el gran evento televisivo del año en Rusia. Desde semanas antes los canales bombardean reportajes sobre las novedades técnicas de la edición, repitiendo incesantemente las coletillas “novísimo” y “sin análogo en el mundo”.

No creáis, pese a las desavenencias de Putin con Occidente y algunos titulares sensacionalistas, la tercera guerra mundial no está hoy más cerca que ayer. Los oligarcas no han dejado de comprar yates para construirse búnkeres. En realidad las armas, las grandes, son en Rusia gasolina para el patriotismo y, sobre todo, un negocio formidable. El país es el segundo mayor exportador mundial, 11.500 millones de euros en 2014. Es el ruso por tanto, y un poco a la fuerza, “un pueblo de expertos militares”, como dice una compañera de redacción. El segundo canal de la televisión estatal emite exclusivamente películas bélicas y deportes, todos los días del año, qué adorable cocktail. Según matan al último nazi comienza la natación sincronizada.