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Las elecciones ‘seguras’, el triunfo de Putin

18 Mar

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Pasé cinco años en Moscú, la mayoría cubriendo información para medios españoles, y como corresponsal me esforzaba por escribir previas y análisis electorales la mar de sesudos. Me pagaban por ello, pero además me tomaba en serio lo que escribía: los sondeos de intención de voto, los programas electorales, etc.

Hoy desde la distancia entiendo un poco mejor el sainete que constituían y constituyen, y  del que yo con mis crónicas sesudas participaba involuntariamente. Si una palabra resume mi actitud hacia las presidenciales de este domingo es ‘pereza’. Siento un supino desinterés hacia esta pantomima cada X años para revestir puertas adentro de cierta legitimidad un sistema amañado en cada uno de sus engranajes. Un mal, dicho sea de paso, común a casi todas las repúblicas exsoviéticas, incluida Ucrania, por mucho que ahora presuma de europeísmo y los medios anglosajones cubran su información con tanta condescendencia. “Cuando la puerta de la democracia al fin se abrió, la gente corrió en dirección opuesta”. En Rusia votar se vota, se puede por tanto hablar de elecciones, lo que no se puede hablar es de democracia, un concepto ciertamente más amplio, con más requisitos que la mera papeleta y la urna.

Lo sé, España dista de ser una democracia perfecta, pero quien haya vivido en varios países y pueda comparar y reconocer el bosque más allá de los árboles, aunque su partido perdiese en las últimas elecciones, admitirá que cumple un mínimo homologable para considerarse una. Rusia en cambio incumple escrupulosamente todos los prefectos salvo el de votar, la foto, la charada. No puede haber democracia, por ejemplo, cuando mañana lunes a millones de funcionarios y soldados su jefe les pedirá una foto de la papeleta en la cabina a modo de prueba de haber votado al candidato oficialista. No puede haber democracia sin una mínima pluralidad informativa. ¿Se imaginan que TODOS los medios de comunicación españoles hablasen SIEMPRE bien de Rajoy, que cada telediario fuese una mamada, que no existiesen laSexta, TV3, eldiario, Público o Ara?

Tampoco puede haber democracia, por ejemplo, con tan descarada persecución judicial a los pocos opositores realmente críticos. A los otros, los domesticados, la mayoría, entre los que por cierto se cuentan los comunistas, se les conoce amablemente en los medios oficiales como “oposición patriótica”, se les conceden ciertas prebendas menores y hasta se les deja disentir a veces en cuestiones políticas intrascendentes. Ejemplo del nivel de esa ‘oposición patriótica’ es que uno de sus principales partidos, Rusia Justa, cuarto en las pasadas legislativas, ni se ha molestado en presentar candidato a estas presidenciales y ha pedido directamente el voto para Putin, porque “no hay nadie mejor”. Adorable, ¿verdad?

A efectos prácticos, tiene mucha más relevancia en el futuro político del país una reconfiguración de personal en el Kremlin, el entorno de Putin, los que cortan el bacalao y de entre los que saldrá ‘el sustituto’. Al final, el putinismo se ha convertido en una máquina casi perfecta que a través de los años, en base a movimientos empresariales y sobre todo a la aprobación de leyes que socavan sutilmente la democracia, ha eliminado todo elemento de riesgo para su perpetuación. Desde la ampliación de los años de mandato al control de las comunicaciones privadas por internet con la excusa de la seguridad. De modificaciones a medida de la ley electoral a reformas para ahogar financieramente a grupos empresariales o de comunicación no afines. Podríamos seguir un rato.

Leyes cuya aprobación pasó casi desapercibida en su día para un pueblo con tan escaso bagaje democrático como el ruso, o sea, sin una sociedad civil, temerosa del poder, y que se tramitaron sin apenas oposición, primero con la anestesia de años de vacas gordas en lo económico, con el brent en triple dígito, y después blandiendo la manida amenaza exterior. “Señor, la democracia está muy bien, pero sin elecciones es más segura”. Bien, Putin lo ha conseguido, ‘elecciones seguras’.

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Más que Guerra Fría, ‘Paz Fría’

1 Mar

Moscow celebrates 74th anniversary of 7 November 1941 Red Square ParadeMe puse camisa por primera vez en 2017 y me planté en una conferencia de 4 horas en inglés sobre relaciones Rusia-Occidente, la nueva Guerra Fría, algo ligerito en horario de desayuno. “Sí, de Crónicas Rusas vengo”, y me tenían asiento reservado, rodeado de investigadores sesudos, corresponsales y diplomáticos. Mirad lo que habéis conseguido, que acabe escribiendo en el blog sobre cosas serias… “Sí, se puede hablar de nueva Guerra Fría, pero de baja intensidad, sin la contraposición de sistemas antagónicos de entonces y sin riesgo real de una colisión nuclear, a pesar de cierta retórica para consumo interno”, reflexiona el joven Iván Timofeev, primer ponente.

El motivo que mueve a Moscú ya no es ideológico, dice, sino derrocar el orden liderado por Occidente resultante de la primera Guerra Fría, o como poco un nuevo equilibrio de seguridad en el patio de atrás, digo espacio ex-soviético. “Apoyando opciones antisistema en Occidente, sean de izquierdas o derechas, o al mismo Trump, que es un verso suelto, el Kremlin alienta una división cuyo fruto deseado sería establecer lazos bilaterales país-país en condiciones más ventajosas”. O sea, el divide y vencerás de toda la vida.

¿Cómo hemos llegado a este revival? “Por desconfianza o prejuicios, mientras se integraba a otros países del bloque al caer la URSS, a Rusia se la continuó viendo como enemigo y se falló en invitarla a una estructura paneuropea de seguridad”. A diferencia de la primera ‘contienda’, sigue Timofeev, ahora hay una importante asimetría económica y militar entre bandos. La URSS era la segunda economía del mundo, hoy el PIB ruso es inferior al italiano, que tiene menos de la mitad de población. Rusia no solo está menos desarrollada industrialmente que Occidente, también hay actores en Oriente que le están pasando por la derecha.

Pero la economía no lo es todo, al menos a orillas del Volga… ¿Sanciones? “El pueblo ruso puede soportar esta y bastante peores situaciones económicas sin cuestionarse el poder político, algo que no se entiende desde Occidente, porque se relativiza la crisis de los años noventa, cuyo recuerdo está todavía muy presente”, contesta Vladislav Inozemtsev, segundo ponente, miembro prototípico de la inteligentsia rusa, sabio, desaliñado y poco elocuente. “El capitalismo se introdujo de forma salvaje; el desgobierno, el caos y la mafia de aquellos años trajeron un descrédito para la recién llegada democracia, gestando un sentimiento de rencor que Putin ha sabido capitalizar”.

Tampoco eso convierte a Rusia en especial, contesta Ulrich Beck, investigador del Instituto Elcano, anfitrión de la conferencia, no es ni el primer ni el último país europeo resentido en algún momento histórico por haber perdido el status de potencia, “pregunten sino a España, Gran Bretaña o Portugal”. Como los actuales líderes rusos crecieron en la URSS, sigue, tienen ese complejo muy marcado, un mensaje que se está transmitiendo a nuevas generaciones, repetido machaconamente en los medios, el patriotismo, la grandeza de Rusia…”Más que una guerra es una Paz Fría, pero va a ser larga, estamos ante la nueva normalidad en las relaciones Moscú-Occidente”.

Normalidad, en todo caso, condicionada al pie con que se levante Trump. “No sabemos cuál será su siguiente tuit, pero la Unión Europea no puede tratar con Rusia por si sola, debido al factor nuclear, sería fácil de chantajear e intimidar militarmente”. Según Jeffery Mankoff, ponente estadounidese, Trump se va a reprimir en sus movimientos hacia Rusia hasta que se aclaren sus supuestas conexiones y las de su equipo con Moscú. De lo que no cabe duda, sentencia, es de la afinidad ideológica y hasta admiración del entorno de Trump hacia Putin, “hacia su régimen eminentemente cristiano, conservador y nacionalista”.