Mis rincones de Moscú

29 Sep

20160929_135625-1Hace unos días me preguntaron por mi rincón favorito de la ciudad. Me quedé un momento callado, lo pensé y no supe qué responder, lo cual no es una opción aceptable si estás tratando de impresionar a una chica. Entre tartamudeos improvisé una cursilada del tipo “el estanque de Chistie Prudy”, que no me entendáis mal, está la mar de cuco, en mitad de un boulevard céntrico, pero lo dije solo por amarrar, defensa de cinco. Ya en casa y con menos presión, me puse a pensar en mi verdadera alineación de lugares con encanto, que me traigan algún recuerdo y queden fuera de las rutas turísticas manidas.

Cerca del metro Tretyakovskaya, en la calle Bolshaya Ordinka, hay escondido un convento de monjas con un patio interior bien chulo, Santa Marta y María, de entrada libre. Las señoras se sientan a pasar la tarde leyendo al sol, estudiantes de pintura hacen sus primeros pinitos y de tanto en cuanto cruza una beata a la carrera, que se le queman las galletas. Un oasis en uno de los distritos con más ambiente de la ciudad y con el honor de ser, junto a Taganka y Kitai Gorod, el único con calles estrechas y casas bajas, el Moscú de antes, un respiro de las grises y mastodónticas avenidas soviéticas.

convento

No lejos del convento queda la plaza de Novokuznetskaya, atravesada por una de las líneas de tranvía más veteranas de Moscú y donde suele tocar un cuarteto de jazz a poco que respeta el tiempo. El nivel medio de los músicos callejeros de la capital es primoroso, los pobres lidian con la policía, que se cobra una mordida diaria de entre 500 y 1.000 rublos (7-14€), y con el frío, claro. Tengo clavada la imagen de un guitarrista sacándole plumas al ‘Entre dos aguas’ de Paco de Lucía… con guantes porque había 5 bajo cero.

En la plaza hay también un pequeño jardín, donde en verano pone el Baga Bar su terraza de sofás tipo puff, que se espatarra uno la mar de a gusto con un gintonic. El garito funciona 24h y en mi última visita, entre semana, coincidí con una pareja de género ficción: una rubia oxigenada y un francés amanerado, que llevaba con correa a su mascota, “un gato africano”, o sea, un guepardo. Tengo debilidad, lo confieso, por los ambientes de fauna novelesca, reflejo del espíritu ruso, hortera pero genuino.

Foto de Gonzalo WanchaMe gusta también la plaza de Mayakovskaya, en honor a un poeta futurista soviético que estaba como una regadera. Tras una larga remodelación, ha quedado como una amplia zona peatonal, hasta columpios para adultos tiene (la foto es de Gonzalo Wancha). La plaza está coronada por el hotel Pekín, con el TimeOut en la planta 15, quizá la mejor terraza del centro, y bajo tierra esconde la estación de metro más bonita y con más historia de la capital.

img_20160627_183101
20160929_160443.jpgAunque si un sitio me hace tilín, ése es Vorobyobi Gori. No por el mirador, con su ambiente casposo mezcla de chinos y bodas. La mayoría se pierde la mejor foto, que no es a la ciudad sino a lo que queda detrás, el edificio de la Universidad Estatal con los jardines y fuentes en primer plano, y ese paseo de la fama con bustos de célebres científicos que allí estudiaron. Seguro que os suenan Pavlov, el del perrito, o Mendeleiev, el de la tabla periódica. El Vorobyovi Gori que me gusta está abajo, a la orilla del río, donde hace meandro. Hay gente sin estar colapsado, porque pese a ser relativamente céntrico en realidad queda apartado de la civilización. No hay un solo edificio de viviendas en dos kilómetros a la redonda, así que quien acude es porque realmente le apetece, como el que sale los jueves.

img_20160911_091204Lo digo en comparación con el vecino parque Gorky, otrora yonkódromo, hoy convertido en meca del postureo recreacional, además de saturado. No es que necesite al vecino paseando al perro en chanclas y calcetines, pero tampoco quiero sentirme underdressed en un parque con menos de una camisa. En Vorobiovy Gori, en cambio, igual tienes mocitas tomando el sol en tumbonas que abuelos mazaos paseando a pecho descubierto y ritmo marcial. En el embarcadero hacen parada los barquitos que cruzan el río, los baratos, con clientes de cerveza de lata y sin Instagram. Y por la arboleda encuentras instalaciones deportivas abandonadas, de tiempos de la URSS, y a domingueros haciendo barbacoa a escondidas. La verdadera Rusia al fin y al cabo.

20160929_154845

Foto de Ana Naumova

20160929_140040-1
20160929_160738

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s