¿Quién echa de menos la URSS?

1 Sep

Soviet-Union-in-late-50s-15-1024x676Se cumplen 25 años de la caída de la URSS, acontecimiento pivotal en la historia del siglo XX y del que, reconozcámoslo, los españolitos de a pie apenas tenemos una somera idea. El aniversario exacto es el 25 de diciembre, cuando Gorbachov disolvió oficialmente la URSS. Para escarbar un poco en el asunto me he puesto en manos de la mejor, la premio Nobel Svetlana Alexievich, que se ha molestado en escuchar a los grandes olvidados de esta historia, los rusos de a pie que vivieron en primera persona la URSS y su disolución, el tránsito al capitalismo. Sus desventuras y reflexiones me interesan más que las lecciones de los historiadores occidentales, desde la distancia geográfica y el prejuicio ideológico, que sospecho abundarán en diciembre cuando se cumpla el aniversario. He sacado algunas frases del libro de Alexievich, de los testimonios que ella recogió y, como veréis, opiniones hay de todos los colores, ya cada uno saque sus conclusiones…

– Toda la vida estuvimos construyendo el socialismo y ahora dicen por la radio que el socialismo terminó. Pero, ¿qué hay de nosotros? Porque nosotros seguimos aquí

– Hoy he comprado tres diarios y cada uno cuenta su verdad. ¿Dónde está la verdad verdadera? Antes uno leía el Pravda de buena mañana y ya lo tenía todo claro

– “Me voy contigo”, le respondí sin siquiera preguntarle adónde. Y así nos fuimos juntos a Siberia, “¡A construir el comunismo!”. La campaña de ‘conquista de las tierras vírgenes’. El viaje en tren duró siete días y no dejamos de cantar himnos comunistas. Al llegar la nieve tenía la altura de un hombre y el escorbuto pronto se cebó con nosotros… Y ahora… Bah, Todo fue inútil, nuestros esfuerzos en balde. Es duro reconocerlo y vivir con ello

– Comunista es aquel que ha leído a Marx, anticomunista es aquel que lo ha entendido

– Bastaba que tuvieras dos vacas y dos caballos para que te consideraran un kulak, campesino enriquecido. Se los llevaron a todos a Siberia y los arrojaron en medio de la taiga

– Vivíamos en un país del tercer mundo lleno de misiles

– Cuando llegó el capitalismo, la inteligentsia se empobreció de manera vergonzosa. Te encogía el corazón ver en los comedores sociales la fila de ancianos de apariencia sofisticada

– Papá tenía dos títulos universitarios. El día que nos dieron talones para comprar calcetines se echó a llorar: “Es el fin de la URSS”

– Nos tirábamos horas haciendo cola para comprar pollos azulados, pero teníamos una patria

– Hubo piruetas alucinantes, con estos ojos vi a comunistas ‘honestos’ convertirse de un día para otro en creyentes ortodoxos y liberales. Deberían morderse la lengua antes de insultar lo que fuimos

– Nadie quiere una Rusia fuerte, con comunismo o sin él. Nos miran como un almacén de petróleo y gas, y nosotros se lo cambiamos por bragas

– En casa todos eran comunistas, mi madre me cantaba himnos revolucionarios en vez de nanas, y ahora se los canta a sus nietos. A veces la escucho y le pregunto si se ha vuelto loca, me responde que no conoce otras canciones

– Nuestra fe era sincera, aunque ingenua. Creímos que abandonaríamos los grises edificios que levantó Jrushev, que en la calle nos esperaban los autobuses que nos llevarían a la democracia

–  La gente se hartó de las banderas rojas, los falsos oropeles y las reuniones del Komsomol, el socialismo tomaba a la gente por idiota

– Un país de tornillos que sufren y tuercas que los aprietan

– En otro tiempo nos enseñaban que no había más dios que Lenin y Marx. Las iglesias fueron convertidas en almacenes de grano y remolacha. Ahora le gente ha vuelto a creer en dios, porque ya no hay otra esperanza

– Sasha se pasó 30 años trabajando en una fábrica de muebles, allí le creció joroba. En la fábrica se sentía en familia y precisamente de ella llegó su ataúd cuando murió. Uno de los caros: brillantes por fuera y forrado de terciopelo por dentro. Hoy en día esos ataúdes solo entierran a gánsteres y bandidos

– De Lenin andan diciendo que era un desertor alemán y que la revolución fue obra de una pandilla de marineros borrachos, cuando dicen esas cosas me tapo los oídos. Viví toda mi vida segura de haber nacido en el país más hermoso del mundo

– En viejo Arbat vimos a un anciano sentado sobre un ladrillo, tocando en el acordeón nuestras canciones más queridas, vestía una casaca con todas las condecoraciones recibidas a lo largo de su vida. Estaba rodeado de turistas, le daban palmadas en la espalda, se les notaba alegres, satisfechos. ¿Cómo no iban a estarlo? Tantos años temiéndonos y ahora…

– Me gustaba vivir en un imperio, la URSS dictaba su voluntad a muchos países del mundo

– Pegué un grito y llamé a un policía: “¡Mire esto!”. Pero el policía se limitó a repetir lo mismo que el vendedor: “son recuerdos del totalitarismo, solo perseguimos a quienes comercian con drogas y pornografía”. Pero, ¿acaso vender el carnet del partido por 10 dólares no es un acto de pornografía?

– Viéndolo desde la distancia, estoy convencida: éramos niños pobres e ingenuos, pero ni lo sabíamos entonces, ni teníamos envidia de nadie. Puede que aquello fuera una cárcel, pero me sentía más a gusto en aquella cárcel de lo que me siento ahora

– Cada uno de los millones de verdugos se consolaba diciéndose a sí mismo que no era él, que era el sistema

– Veo en televisión que volvemos a estar divididos entre ricos y pobres, quienes se hinchan a caviar y quienes no pueden ni comprar pan. Pronto estarán proclamando la grandeza de Stalin…

– Se beben cualquier cosa que arda, ya no quedan campesinos en las aldeas, se han muerto todos. Los dos o tres abstemios que suele haber por aldea se han ido a Moscú, las únicas que no se rinden son las mujeres, gracias a ellas todavía hay huertos produciendo algo

– La abuela se pasó toda la vida con miedo, esperando una hambruna o un arresto, por eso guardaba tanta comida y me repetía que mantuviese la boca cerrada

– A la puerta del campo de trabajos forzados de Solovki colgaba un lema bolchevique: “Con puño de hierro conduciremos a la humanidad hacia la felicidad”

– Nuestros padres crecieron en el país que ganó la IIGM, nosotros en el que perdió la guerra fría

– El Estado soviético vivió siempre en alerta desde su creación, no fue concebido para funcionar en tiempos de paz

– Los secretarios generales habían sido hombres salidos de la guerra, pero Gorbachov era esencialmente un civil, un producto de la facultad de filosofía. Mientras EEUU nos llamaba ‘imperio del mal’, nuestro comandante en jefe hablaba como un monje budista: “el planeta es la casa de todos”.

– Gorbachov profesaba un tierno amor por su esposa, un amor que no tenía nada de soviético. Yeltsin, en cambio, de buena mañana ya estaba pidiendo que le subiesen pepinillos y cien gramos de vodka. ¡Eso es lo que hacemos los rusos!

– Gorbachov cedió el poder sin derramar ni una gota de sangre, Yeltsin en cambio sacó los tanques a la calle y organizó una carnicería. Hay algo inconsciente en la mentalidad de este país que pide a gritos un zar

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3 comentarios to “¿Quién echa de menos la URSS?”

  1. Alfonso septiembre 13, 2016 a 7:53 pm #

    Podías haberte mojado más. Eric Hobsbawm, el eminente historiador marxista británico, solía decir: “Cuántos errores cometió la URSS… ¡Y cuánto se la echa de menos!”.
    Incluso en Occidente, las ventajas sociales y laborales del llamado “Estado del bienestar” no vinieron por gracia de los dirigentes democristianos ni socialdemócratas. Vinieron para que las clases populares occidentales no comparasen las condiciones de vida de sus países y los de la “órbita soviética”. Cuando en Occidente los trabajadores tenían una semana laboral de 45 horas, en la RDA, por ejemplo, tenían 35. En la URSS las vacaciones eran de 6 semanas, de las cuales 4 eran totalmente pagadas. Es decir, que el Estado pagaba incluso los billetes de tren y el alojamiento en las zonas de descanso donde acudía la gente.
    Y la lista de ventajas es larga…
    ¿Libertades?
    Por supuesto, hay mucho que decir sobre la ausencia de libertades individuales en la URSS. Y sobre eso mismo en Occidente. Por mi edad, conocí el franquismo, la caza de brujas en los USA, los “años de plomo” en Italia y Alemania… No estoy seguro de que en Occidente podamos darles muchas lecciones históricas sobre libertades individuales a la URSS.
    Pero eso no quita para que, en efecto, éste sea un tema absolutamente criticable de la Unión Soviética.
    ¿Quién más la echa de menos? Desde luego, no los burócratas del Partido que la vendieron en cuanto pudieron, y que se habían aprovechado de ella durante décadas. Tampoco la echan de menos los gangsters enriquecidos a base de extorsiones y sobornos. Ni los jóvenes que han crecido tragándose ya el prejuicio de que el Capitalismo es el estado natural de las cosas. La echan de menos muchos intelectuales que, como dice uno de los comentarios, hacen cola para tomar un plato de “borsch”. O los jubilados que ven cómo sus pensiones se las traga la inflación. O las familias que ahora tienen que pagar un alquiler a un mafioso que compró a precio de saldo el edificio de viviendas municipales donde siempre habían vivido. Seguramente tampoco echan de menos la URSS los disidentes, reprimidos durante años en condiciones lamentables.
    O sí, cuando, al fin son libres para vender su producción intelectual en un mercado que no es tan libre como les dijeron.
    En fin, como dicen mis amistades rusas: “Casi todo lo que nos contaron sobre el Comunismo resultó ser mentira. Pero todo lo que nos contaron sobre el Capitalismo resultó ser verdad”.

    • karusito83 septiembre 14, 2016 a 8:40 am #

      Muy interesante tu comentario, Alfonso, gracias por participar. No me mojo más, como dices, porque no conozco el tema de primera mano ni me considero para nada experto. Los expertos para mí son los rusos de a pie, por eso les cedo la palabra a ellos, a través de Aleksievich. Unas voces, por cierto, poco escuchadas tanto en la Rusia de Putin como en Occidente. En Rusia se tiende a juzgar la caída de la URSS en función de cómo le ha ido a cada uno, es decir, si ha mejorado en la escala social (familias jóvenes urbanas) o al contrario ha empeorado (funcionarios, pensionistas y ámbito rural). Desde Occidente, la caída de la URSS se tiende a juzgar sin grises, en función de los prejuicios ideológicos propios, si soy de derechas o de izquierdas, pero a pocos les importa si la gente vive ahora mejor o peor. Esa es un poco la perspectiva que trataba de aportar con esta entrada de blog. Por cierto, genial tu frase final 😉

      • Alfonso septiembre 14, 2016 a 9:19 am #

        Decía lo de mojarte por la selección de frases “una de cal y otra de arena”, pero creo que coincidimos en lo esencial. Gracias por tu blog.

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