Transiberiano III: Krasnoyarsk

9 Ago

20160809_085403

El tramo de Irkutsk a Krasnoyarsk es mi verdadera primera hostia de tren, 20 horas del tirón, para las que me pertrecho con literatura, dos bocatas y algunas películas en la tablet, que cargo antes de partir porque dentro de los compartimentos no hay enchufes, solo dos por pasillo y están cotizadísimos. Cruzo la estación de Palavino, ‘mitad’ en ruso, que se encuentra exactamente en la mitad del recorrido transiberiano original, equidistante entre Moscú y Vladivostok. Es una estación menor, el tren no hace siquiera parada, pero consigo tirarle una foto en movimiento, en algo hay que entretenerse.

20160809_084742

Comparto vagón con Marina, que trabaja en la compañía eléctrica nacional y regresa a Krasnoyarsk tras su viaje mensual de trabajo a Chita, famoso destino carcelario, dos días de ida y otros dos de vuelta en el tren. Me explica que quedan muchísimos pueblos de Siberia sin suministro eléctrico regular y que los planes para ampliar la red se han congelado por la crisis económica.

Krasnoyarsk, una de las ciudades más viejas de Siberia (1628), es conocida entre otras cosas por la electricidad, en concreto por su presa en el río Yenisei, la quinta mayor del mundo, de 124 metros de altura y erigida en los años sesenta, orgullo entonces de la ingeniería sovietica. 25.000 personas trabajaron en su construcción, para cuyas familias se levantó una pequeña ciudad contigua, en estándares por encima de la media de la URSS pero que hoy está dejada de la mano de dios, solo viven pescadores y pensionistas.

20160809_090947

La presa de Krasnoyarsk es la imagen del billete de 10 rublos, cuyo valor es tan ínfimo (13 céntimos de euro) que el Banco Central baraja retirarlo de la circulación, pues apenas cubre el costo de su impresión. El mismo diseño correspondió en su día al billete de 10.000 rublos, durante la hiperinflación que siguió a la caída de la URSS. Después, en el 95, todo el papel moneda se volvió a imprimir con tres ceros menos. El billete es una de las fotos socorridas de la ciudad, de un millón de habitantes, agradable pero nada turística. La idea de parar en Krasnoyarsk fue a ciegas, por el motivo puramente logístico de hacer un alto en el camino para evitar los casi tres días seguidos de tren entre Irkutsk y Ekaterimburgo.

Paso la mañana en el reclamo principal de la zona, el parque nacional de Stolby (‘pilar’ en ruso), en cuyo territorio, del que sólo se puede visitar una pequeña parte, se calcula viven 50 osos. “Nunca he visto uno, con lo que hay que tener cuidado aquí es con las garrapatas”, me advierte mi guía, Anatoli, que tiene un seguro médico específico anti-garrapatas para él y toda su familia. Se registran entre 3.000 y 4.000 picaduras cada fin de semana en la región en temporada alta, de abril a junio, sobre todo entre la gente de las dachas, casas de campo.

20160809_091434

El parque nacional es virgen en todos los sentidos, los únicos carteles son de ‘cuidado garrapatas’, ni un mal sendero o barandilla, do it yourself. Terminaré el día con las piernas rojas, llenas de arañazos de los matorrales y arbustos, porque como buen novato acudí en pantalones cortos. Anatoli, te dije que no soy alpinista, de hecho le tengo ‘respeto’ a las alturas: ¡¿cómo coño esperas que suba esa pared de 10 metros?! “Ah, sí, no me había dado cuenta, ven por aquí, que es más fácil”. Pared vertical de 5 metros, desfiladero: “Te agarras aquí, te apoyas en ese saliente y luego me das la mano, no es tanto como parece, pero mejor no mires abajo”.

En los inicios de la URSS el culto al líder llegó al alpinismo y se renombraron hasta las montañas, el techo de la unión lo marcaban el pico Lenin, 7.134 metros, y el pico Stalin, 7.495 m, ambos en Tayikistán. En Stolby no hay secretarios generales, pero uno de los picos del parque lleva el nombre de  los hermanos Abalakov, dos alpinistas locales que abrieron varias de las rutas más exigentes. Mediada la II Guerra Mundial fueron reclutados por el Ejército Rojo para liderar un cuerpo especializado en combate en montaña, los alemanes ya contaban con uno y estaban dando sopas con hondas a los rusos en el Cáucaso.

De camino a tierra firme, con la adrenalina aún por las nubes, tomamos un modernísimo telesilla que desentona con lo destartalado del parque. Es “obra social” de Norilsk Nikel (NN), aclara Anatoli, una empresa-ciudad en el norte de la región, es decir, en el Ártico, a la que mi amigo Ricardo ha dedicado uno de sus siempre recomendables documentales. NN es también patrocinador, entre otros, del CSKA de Moscú, el club más rico del baloncesto europeo y vigente campeón continental.

20160809_091241

Pero el ‘deporte’ por excelencia en Siberia es la pesca, que no será olímpico pero aquí da a muchos para (sobre)vivir. El escritor soviético Víktor Astafyev residió la mayoría de su vida en Krasnoyarsk y se abrió camino en el régimen pese a una infancia difícil por ser hijo de kulaks, campesinos con propiedades, los que pagaron el pato de la colectivización. Sus textos, que se estudian en el instituto, han quedado como el retrato de la vida humilde en Siberia. Antes de regresar a Krasnoyarsk visito el mirador del Zar Pez, el título de la novela más célebre de Astafiev y el lugar con más encanto de la zona, en una colina contigua al Yenisey, con vistas a la ciudad y coronado por la estatua de un enorme esturión, el del caviar negro, el zar del río pues.

20160809_090433

20160730_172318

20160809_093358

Anuncios

Una respuesta to “Transiberiano III: Krasnoyarsk”

  1. Sergio agosto 10, 2016 a 6:00 pm #

    Como siempre, estupendo…sigue así

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s