Transiberiano II: Irkutsk / Baikal

3 Ago

El recorrido de Ulán-Udé a Irkutsk es de lo mas bonito de todo el transiberiano, el tren rodea el Baikal y corre unos 300kms en paralelo al lago. Fue, por cierto, el tramo con diferencia más caro y difícil de construir, una pesadilla por su holografía escarpada, de montañas de roca maciza en vertical sobre el lago. Hicieron falta más de 50 túneles para abrir paso y se trajeron ingenieros de Italia porque los rusos no sabían ni por dónde empezar. De hecho, por las prisas de la guerra con Japón, el transiberiano se abrió antes de concluir este tramo, con los trenes cruzando el lago en ferry y rompehielos, hasta se probó a tender en invierno vía férrea provisional sobre el Baikal. El hielo, sin embargo, cedió al peso del primer convoy militar y los tanques terminaron en el fondo del lago más profundo del planeta, 1.629 metros.

Parte de ese tramo, la orilla occidental, cayó en deshuso con un nuevo recorrido y ahora se puede visitar en un tren turístico, el Circumbaikal. Echas el día entero con paradas para visitar las vías, puentes y túneles originales, ademas de algún poblado de pescadores, donde los domingueros rusos compran profusamemte pescado ahumado (omul), apreciado como aperitivo y cuyo olor en el vagón se convierte al cabo de horas en una experiencia olfativa religiosa.

Despues de la impresión ‘Doctor en Alaska’ que me dejó Ulán-Udé, fue algo bajón llegar a Irkutsk y ver un Shokoladnitsa. Uno viaja a Siberia en busca de naturaleza virgen y a la segunda parada ya tiene delegaciones de la cadena de restaurantes por excelencia de Moscú. Irkutsk está bañada por el Angará, una fuerza de la naturaleza, el único río que nace en el Baikal, por lo demás es una ciudad rusa grande pero relativamente corriente, con su memorial de ‘La Victoria’ y su estatua a Lenin, aunque la más grande es la que dedicó el pueblo al zar Alejandro III, el responsable del proyecto transiberiano, clave en el desarrollo de Irkutsk como centro de comercio con China. Hoy, por cierto, muchos jóvenes de la región estudian chino, que es un dolor de muelas pero asegura un futuro en el comercio o la industria turística, que es de lo que vive en buena medida la gente aquí.

De las dos grandes catedrales de Irkutsk, la de Kazán fue dinamitada en la época de Stalin y la de la Epifanía, la más bonita y que sí sobrevivió, funcionó durante 35 años como obrador de una panadería. A la ciudad le desluce un poco el humo, oficialmente debido a incendios forestales, aunque entre los lugareños abundan teorías de toda índole. No ves mas alla de 300 metros y, aunque esté soleado, tu figura no hace sombra, una sensación que sólo había conocido con la polución de Pekin. Al parecer el humo se ha convertido ya en parte del paisaje los últimos veranos.

En Rusia el ecologismo es entre contradictorio y de pega. En Moscú no se conoce la palabra reciclaje, los coches de marcas nacionales son fábricas de humo sobre ruedas y en Siberia hay enormes extensiones de terreno agujereado como un queso gruyere, los yacimientos de petróleo veteranos. Es la misma Rusia que lidera campañas para salvar al tigre del Amur y a las focas árticas. El Baikal, que contiene un 20% del agua dulce del planeta, es por suerte el referente de la errática conciencia ecológica rusa. Por dos veces se tumbó un proyecto de Gazprom para tender un gasoducto bajo el lago.

Me reconcilio con la Siberia salvaje en Oljon, isla en medio del Baikal que visito durante tres días, más grande que Ibiza o Menorca y apenas 1.500 habitantes. Los coches aquí no tienen GPS sino brújula, ninguna carretera o calle está asfaltada y tampoco hay agua corriente. Esto último, chicas, significa que el retrete es una caseta en el patio con un agujero en la tierra. A la vieja usanza, vaya.

Oljon es epicentro mundial del chamanismo, antigua filosofía pagana de la que me pone al día Natasha, una rusa de los Urales que se autoexilió hace 3 años a la isla. Igual que los budistas en Buriatia, los chamanes fueron perseguidos tras el triunfo de la Revolución.

El ferry a Oljon, que es gratuito, básicamente no funciona en invierno porque el lago está helado, lo que deja solo una manera de llegar a la isla, en coche por el hielo. La ruta oficial es de 4 kilometros y tiene señales de tráfico en forma de estacas, pero los lugareños prefieren otra, directa a Khuzhir, la capital de la isla, más rápida porque son mas kilómetros de hielo (13) y menos de la carretera de baches y piedras que cruza la isla de norte a sur. Los conductores, al parecer, siguen sencillamente el surco que dejan los coches anteriores en el hielo. Ya, pregunto a Natasha, pero alguien tiene que ser el valiente que abra camino el primero, ¿no? “Ese es Serguei, nuestro ‘maestro del hielo’, lo reconoce por el aspecto y el sonido, todos los vecinos esperan cada año a que abra la ruta directa”. El tal Serguei, una especie de John Rambo local ya en sus cincuenta, conduce con la ventanilla bajada pese al frio porque, si el hielo se quiebra y el coche se hunde, “que alguna vez ha pasado”, la puerta se traba y la ventana es la única salida.

Pero Serguei no es la única leyenda local. En una zona casi deshabitada a orillas del Baikal, frente a la isla, vive una pareja de ermitaños que desde hace años se dedica a la caza de osos (oficialmente ilegal)  y no de cualquier manera sino en plan Di Caprio, armados únicamente con un machete. Tienes que dejar que el animal se acerque lo suficiente, relata Natasha, y asestarle un tajo certero justo antes de su zarpazo. Otro día en la oficina.

“Ves esas ventanas azules tan bonitas? Son de estilo lituano”, continúa. En el norte de la isla hubo una prisión del gulag desde los años treinta, 1.300 prisioneros politicos de toda la URSS trabajaban en una fábrica de conservas de pescado. Cuando la prisión cerró en 1953, a la muerte de Stalin, muchos reclusos se quedaron a vivir en el sur de la isla como hombres libres, entre ellos algunos lituanos. “En realidad no era la peor de las prisiones, mandaban a gente con condenas de pocos años y delitos menores, un poema irreverente en el periódico local, un chiste inapropiado, cosas así…”. Visito el lugar al día siguiente y lo cierto es que la antigua prisión está junto a una radiante playa de arena de agua cristalina, una de las muchas de la isla, que junto a las colinas, las vacas y los acantilados componen el paisaje de Oljon, la mejor parada de mi viaje, un regalo para los sentidos.

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2 comentarios to “Transiberiano II: Irkutsk / Baikal”

  1. Juan Delgado agosto 10, 2016 a 8:13 am #

    Gracias Víctor por traernos tu particular visión “a pie de pista” del Transiberiano, tiene que ser increíble el viaje que estás haciendo. Me das mucha envidia sana

  2. Sergio agosto 10, 2016 a 6:09 pm #

    Estupendo, te sigo y te leo siempre…estaría estupendo que acompañadas con más fotos tus historias…

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