Horror en el hipermercado

12 Ago

nectarinaRegresé recientemente a Moscú tras unos días en España y, aunque no se conocían aún las sanciones, traje conmigo el pequeño cargamento habitual de quesos, jamón y vino, al que esta vez, como iba ligero de equipaje, añadí ginebra, anchoas y hasta solomillos de ternera envasados al vacío. Como si fuese a la guerra, vaya. Lo cual no impidió que el sábado, dos días después de anunciarse el embargo ruso a alimentos europeos, corriese al supermercado como una histérica en la víspera del apocalipsis. Lo reconozco, me gusta hacer la compra. Voy sin hora, merodeo por los pasillos mientras escucho música. Ojeo precios, ingredientes, caducidad, procedencia… El sábado llevé conmigo una lista de la compra que hice llamar ‘aprovisionamiento por sanciones’, que incluyó alimentos de producción europea que no caduquen en seguida.

Al final, si lo piensas, no son tantos. Compré mermeladas, paté, parmesano, salsa de pesto, tomates deshidratados y pijadas por el estilo, sin las que podría vivir perfectamente (imagino que los restaurantes de cocina europea lo pasarán peor). Lo que echaré de menos son frutas y verduras frescas Made in Spain, que están siendo ya reemplazadas por otras procedentes de Azerbaiyán, Turquía, Israel o Sudáfrica, probablemente de calidad algo inferior (los estándares de la Unión Europea no los valoras hasta que vives fuera). Aproximadamente el 70% de las marcas de alimentos en Rusia son extranjeras, pero muchas, en función de las características del producto y el volumen de ventas, fabrican en el propio país y por tanto no les afecta el embargo.

Admito que esperaba encontrarme más ambiente en el supermercado, como en la puerta del Corte Inglés de Castellana en el primer día de rebajas. Imaginaba que los veteranos que vivieron los estantes vacíos en tiempos de la Perestroika correrían en estampida. Mi gozo en un pozo, no parece que haya cundido el pánico. Hoy martes he regresado al supermercado, ya no por comprar, sino por simple curiosidad, y el escenario era el mismo que el sábado: no había más gente que de costumbre y todavía no faltaba de nada en los estantes. Bueno, me consta que en las tiendas de barrio faltan ciertos productos lácteos (de cualquier procedencia), pero la causa nada tiene que ver con las sanciones sino con problemas técnicos relacionados con la cadena de frío y que se repiten cada verano. Algunos medios occidentales, principalmente anglosajones, prefirieron obviar esta explicación, utilizar fotos de esos estantes y no dejar que la realidad les arruinase un buen titular. Sólo les faltó poner la canción de Alaska…

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2 comentarios to “Horror en el hipermercado”

  1. Olga febrero 6, 2015 a 11:45 am #

    ¡Hola!
    Estoy de San Peterburgo, y conozco a muchas personas que, dos días después de anunciarse el embargo, corrieron al supermercado a comprar productos lácteos, frutos secos… Y también ropa, muebles de IKEA…
    Me encanta tu blog. Sigue escribiendo, por favor.

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