La Guerra Fría en la cocina

29 Abr

mcdonaldsEste regimiento de arriba es la fila que se organizó el día que abrió el primer McDonald’s de Rusia. Data del 31 de enero de 1990, en la céntrica Plaza Pushkin de la capital. Mira que hacía frío y las hamburguesas no eran baratas. Un BigMac costaba 3,75 rublos, cuando el sueldo medio eran 150 rublos. Puede que comerse aquel día una hamburguesa fuese un gesto más contracultural que culinario, el morbo tras décadas de guerra fría y régimen socialista. Pero han pasado 24 años y doy fe de que los McDonalds’ de Moscú siguen llenos a diario. El mes pasado la cadena anunció el cese temporal de actividad de sus tres restaurantes en Crimea. Los motivos eran simplemente logísticos, problemas de suministro tras la escisión de Ucrania, pero miembros del partido en el Gobierno quisieron ver una protesta política, que ha servido de coartada para repescar la idea de su prohibición en toda Rusia. Una idea que en realidad ya venían gestando hace tiempo, primeramente con la manida excusa de la salud, probablemente con intereses económicos detrás.

Aunque hay empresas estadounidenses mucho mayores operando en territorio ruso (especialmente energéticas), por aquello de ser una marca de gran consumo se señala a la cadena de hamburguesas (junto a CocaCola) como la quintaesencia del capitalismo y la cultura yankee. Su cierre sería un golpe populista en este revival de la Guerra Fría a cuenta de Ucrania. A mí me gustan las hamburguesas, no especialmente las de McDonald’s, dicho sea de paso. El ministerio de Sanidad español arremetió contra la publicidad del doble Whopper de Burguer King allá por 2006, aquello me pareció una paletada progre. La iniciativa rusa presente me parece igualmente una paletada, en este caso de corte patriótico. Durante un reunión ayer con empresarios, el presidente Putin matizó un poco la propuesta, instó a la creación de cadenas de comida rápida con platos rusos. No prohibir McDonald’s sino promover la competencia para eventualmente desbancarla, lo cual me parece bastante más sensato, dentro de que en general no soy demasiado partidario de la intervención estatal en el mercado, especialmente en un sector ya de por sí tan diversificado como el de la restauración.

En realidad las cifras demuestran que la batalla es básicamente populista. La cadena cuenta con ‘sólo’ 127 restaurantes en el país, menos de uno por cada millón de habitantes. Por comparar, en España hay más de 500, es decir, la proporción por habitante es 12 veces superior… Sin necesidad de ninguna fatua gubernamental a McDonald’s, la mayoría de los rusos ya almuerza a diario comida nacional, lo cual me parece estupendo porque tienen platos muy ricos, entre otros, el jachapuri (pan caucásico horneado con huevo y queso), los pelmeni (pasta rellena), la ensalada olivié (la que nosotros llamamos rusa), los piroshkis (panecillos rellenos) y una magnífica variedad de sopas; borsch es la estrella, aunque personalmente me quedo con la ‘UJA’, de pescado. En cuanto a lugares, las tres alternativas más populares son… 1) Puestos callejeros que venden principalmente piroshkis y variedades sencillas de jachapuri. Los preferidos de los inmigrantes y aquellos que trabajan al aire libre. 2) ‘Stalobaya’, el equivalente a nuestra cantina o comedor, aunque aquí son en muchos casos públicos, no exclusivos de un hospital o edificio administrativo. Decoración soviética, bandejas, comida pesada cocinada por babushkas (abuelas) y precios ridículos (2-3 euros). 3) ‘Bussines-lunch’. Gran parte de los restaurantes ofrecen durante la semana laboral menús del día a precios muy económicos. Por entre 5 y 10 euros se puede almorzar dos platos y bebida en casi cualquier restaurante de la ciudad. Invito a los parlamentarios rusos que abogan por la prohibición de McDonald’s a comer más a menudo en este tipo de lugares, abarrotados, junto a su compatriota medio, para que entiendan lo innecesario de su propuesta.

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2 comentarios to “La Guerra Fría en la cocina”

  1. David Rabinad abril 29, 2014 a 8:48 am #

    OFF Topic:
    “El ministerio de Sanidad español prohibió el doble Whopper de Burguer King allá por 2006”

    El artículo que enlazas explica que NO se prohibió el doble Whopper, ni siquiera su publicidad, sino que se se exigió su retirada (de la publicidad) bajo amenaza de expulsar a BK del acuerdo sobre promoción de raciones gigantes que la empresa adquirió en el marco de la Estrategia Sanitaria contra la Obesidad (NAOS).

    Menos paletadas y menos mentiras, por favor.

    • karusito83 abril 29, 2014 a 9:04 am #

      No te sulfures, hombre, uno se permite ciertas licencias estilísticas porque, por si no lo habías notado, esto es en un blog. Aún así, he editado el texto, a ver si así te gusta más y te parece ajustado a los hechos: “el ministerio de Sanidad español arremetió contra la publicidad del doble Whopper de Burguer King allá por 2006”. El matiz no cambia el argumento, me parece una paletada progre. No tiene otra cosita más importante de la que preocuparse una ministra de sanidad que de emprender guerra santa contra anuncios de restaurantes.

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