Aprender ruso a los 30

3 Mar

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Un español de mi generación termina chapurreando inglés porque al fin y al cabo lo viene aprendiendo de aquella manera durante años, en todos los estadios de su vida académica. Un español puede llegar a hablar portugués, francés o italiano porque son parecidos y relativamente sencillos. Pero con el ruso a los 30 no hay atajos, requiere paciencia, dedicación y humildad verdaderas; ingredientes en muchos casos incompatibles con la soberbia de nuevo rico resabido de no pocos hombres de negocios occidentales que peregrinan estos días a la nueva Rusia a dar el pelotazo. El resto, tomen nota…

Del ruso impresiona de entrada el alfabeto cirílico, pero creedme que no es para tanto. Hay algunas letras iguales (A-M-O-T-K) y el resto equivale a sonidos familiares. Al principio lees despacio y siempre te trabarás un poco con las palabras nuevas y/o muy largas. La principal dificultad en este punto quizá resida en las múltiples versiones de nuestras ‘s’ e ‘i’ con sonidos parecidos que ofrece el cirílico. Pero si el ruso aparece en la zona noble de los ránkings de idiomas más complicados del mundo (esos que siempre lideran el chino y el japonés) no es por su alfabeto sino por la gramática, con 6 casos de declinación y múltiples excepciones. Si no habéis estudiado algo de alemán o latín, quizá no sepáis ni qué son las declinaciones. No seré yo quien os lo explique.

La enseñanza del idioma ruso a extranjeros a ‘gran escala’ es una disciplina relativamente joven, apenas 20 años. Ningún occidental en su sano juicio se planteaba estudiarlo en tiempos de la URSS. Debido a esa juventud, existe cierta escasez de material lectivo disponible, es decir, poca variedad/calidad de libros de texto. Los que hay, están escritos y diseñados en su mayoría por viejísimas profesoras forjadas en métodos de aprendizaje espartano-soviéticos. ¿Ilustraciones? No, gracias. Las autoridades tampoco muestran demasiado interés en difundir su idioma. Ni siquiera en estos tiempos de bonanza económica en que se abren televisiones y periódicos en múltiples idiomas para mejorar la reputación internacional de Rusia se plantea la necesidad de fundar un organismo que aglutine la promoción y enseñanza del idioma en el extranjero, como hacen con mayor o menor acierto el instituto Goethe o el Cervantes.

No pretendo desanimaros, de hecho hay esperanza si un zoquete como el que firma ha llegado a chapurrearlo (en unos días tengo examen oficial de nivel). Os confieso que he conocido por el camino escasos hispanohablantes que se expresen en ruso con fluidez, bastantes menos que en la dirección opuesta. Pero la recompensa también es mayor, pues la exclusividad implica un factor diferencial. El reto es cojonudo, pero después de todo el ruso es el idioma de 275 millones de habitantes en el mundo y la herramienta de algunos de los mayores genios de la historia de la literatura.

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3 comentarios to “Aprender ruso a los 30”

  1. Carolus Brigantinus marzo 3, 2013 a 9:43 pm #

    Hombre! tan malo no es el libro de Assimil. Te da una idea y es bastante moderno, me refiro a “El nuevo Ruso sin esfuerzo”. Lo de “sin esfuerzo” es simplemente por la propuesta de estudiar el nuevo idioma un poquito cada día. No sabrás mucho, pero poco a poco… va entrando 😉

    • karusito83 marzo 7, 2013 a 3:13 pm #

      No, no me entiendas mal, si yo el libro de Assimil ni lo he abierto. Mi crítica (sarcasmo) es sólo al título. Te lo dice uno que lleva mucho dinero y más de 1.000 horas de clase invertidas en hablar el ruso

  2. El niño vampiro abril 7, 2013 a 7:20 pm #

    Muy interesante. Recuerdo mis inicios como estudiante de ruso y la emoción que suponía ir adentrándose poco a poco en esa maraña de complicadísimas excepciones a las declinaciones, y los demoníacos verbos de movimiento, por no hablar del perfecto e imperfectivo… Por ello, no estoy de acuerdo cuando dices que ningún occidental en su sano juicio estudió ruso en tiempos de la URSS. Te aseguro que, a finales de los 80 (y me consta que antes, también) éramos muchísimos los occidentales en aquel Instituto Pushkin de la úlitsa Vólgina 6… aunque, bien mirado, quizá no estábamos en nuestro sano juicio…
    Un saludo.

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