Meteorología de brocha gorda

11 Feb

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El pueblo ruso adora sobremanera las historias tipo “el más X del mundo” o “el mayor X de la historia” (de igual manera que en España medimos todo en campos de fútbol), un tremendismo heredado de los tiempos de la Guerra Fría, el latiguillo de medio siglo midiéndose las colas con los americanos. Imaginen pues, la presión sobre los meteorólogos cada curso para justificar sueldo con un titular potente. En octubre pasado nos prometieron el invierno más frío en 20 años: “Será como en los viejos tiempos”, declaró orgulloso un representante de la agencia estatal de meteorología. El de 2012, mi primero en Moscú, ya me pareció poco menos que el apocalipsis, pero esta vez no me pillaría desprevenido. Cuando pasé por España en Navidad me gasté la pensión en ropa como si mañana mismo comenzase el invierno nuclear: guantes gordísimos, camisetas térmicas y un abrigo digno de Dersu Uzala… Todo sigue en el armario.

Si el pronóstico de los meteorólogos fuese un penalti, sería uno como el de Sergio Ramos. Estamos en las supuestas semanas más frías del año, las dos últimas de enero y las dos primeras de febrero, y el termómetro se maneja entre +5 y -5, según la hora del día, lo que supone 25 grados de media más que en las mismas fechas del año pasado. Mi profesora, nostálgica del socialismo, dice que ya nada es como antes, ni siquiera el frío: “será el cambio climático”.

Heredado de tiempos de la URSS es el sistema de calefacción en Rusia, muy barata y centralizada por ciudades, una garantía loable en un país donde el calor representa lógicamente un bien de primerísima necesidad. A cambio, esa centralización supone rigidez: no hay manera de apagarla o regularla. Como la calefacción está programada contando con temperaturas exteriores de -20’s para estas fechas, dentro de las casas bien aisladas hace demasiado calor y cuesta dormir. Os escribo desde la cocina, en manga corta y a 25,7°. El pasado fin de semana tomé una dolorosísima decisión: dormir con la ventana abierta; nada nuevo al parecer en algunas casas rusas, pero un dispendio en mi mentalidad de país importador de energía y con cierta conciencia ecológica.

Para resarcirse del penalti errado, los meteorólogos han lanzado un órdago: el invierno con más nieve en nada menos que 100 años. Tiendo a desconfiar de los titulares con cifras tan redondas, aunque efectivamente ha caído muchísima nieve, a la que por cierto he cogido cariño porque, a diferencia de la lluvia, es muy agradecida ella, no moja y queda la mar de cuca en las fotos. Supongo que a los barrenderos municipales no les hace tanta gracia. Mover a palazos quintales de nieve de aceras y calles tiene un pase, pero la cosa se pone de verdad interesante cuando implica limpiar tejados en dudosas condiciones de seguridad. A veces me detengo por la calle a observar. Estaréis conmigo en que hay algo de poesía en ver caer desde un octavo piso cascotes de hielo del tamaño de un televisor.

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Una respuesta to “Meteorología de brocha gorda”

  1. voltantsenses3 febrero 19, 2013 a 8:55 am #

    Conseguiste dormir con la ventana abierta? yo lo he pensado mil veces pero después me imagino muriendo por congelación jejeje, es cierto q es difícil dormir, es mi primer invierno aquí y mi arsenal de ropa térmica también me acompaño en el primer viaje…saludos

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