Express (экспресс)

28 Jul

Los trenes de larga distancia son poco menos que un referente de la cultura popular en el país más extenso del mundo. Mi bautismo consistió en un Moscú-SPetesburgo-Moscú en compañía de mi hermano. La primera aventura fue sacar el billete en la cirílica y poco intuitiva web oficial de Ferrocarriles (rzd.ru). No sirven los atajos. Encontraréis en la red imitaciones amables para guiris perdidos, desconfiad, pagaréis gran sobreprecio. Tomamos el tren nocturno en ambas direcciones, con la idea de ahorrarnos dos noches de hostal. Lo llaman Express, pero el caso es que invierte 8 horacas sin parada para cubrir 650kms, de las 23:59h a las 8:00h. Eso sí, puntualidad inglesa y llenazo. El billete no incluye viandas y la visita al baño es una experiencia religiosa, pero contra todo pronóstico el colchón resultó la maldita octava maravilla del mundo, un oasis de sencillez y comodidad. Amanecimos en Piter despejados tras dormir como zares en el vagón cama (kupé), que compartimos con una pareja de abueletes entrañables.

El regreso tuvo más miga. La banda sonora de Doctor Zhivago suena cual bucle en los altavoces del andén en la hora previa a la salida. Esta vez compartimos vagón con dos varones rusos de mediana edad y expresión muy seria. En estos trenes uno no puede echarse a dormir hasta que pasa el revisor y pica tu billete. Esos 20 minutos fueron de una tensión que me río yo de la ‘Crisis de los misiles de Cuba’. Cuando entramos no hubo ni saludo protocolario. Sentados frente a frente, tiesos como velas apenas a medio metro los unos de los otros. Nos escrutó una mirada severa y uno de los tipos guardó su mochila con llave debajo de la cama.

A punto de estallar la Tercera Mundial rompí el hielo con un comentario intrascendente en ruso y resultó que detrás del muro de silencio se escondía un tipo afable, vendedor de piscinas con déficit de sueño e inglés macarrónico. El otro, algo más joven, no parlaba inglés, pero tampoco fue impedimento para incorporarse a una animada charla en ruskinglish, que pronto derivamos al bar para regar con cerveza. Fue una buena metáfora del ruso medio: seco y hasta cortante por fuera, pero en el fondo majetón… si tienes la paciencia para comprobarlo.

El vagón bar es digno escenario del Cluedo. Ambiente decadente, luz tenue, cortinas rojas, precios asequibles y camareros con cara de haber visto de todo. Un litro de cerveza después y en estado de somera embriaguez escuchamos la llamada del ya mítico colchón del vagón 9. A las 7:30h, media hora antes de llegar y a modo de despertador, suena música en todos los vagones. ¿Tchaikovsky quizá? No, un horterísimo technopop nacional, el tipo de género que sólo pega en el tiempo de descuento de una boda casposa. Esto también es Rusia: comodidad quizá, elegancia no, gracias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s