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25 Abr

Estos días conviene no sentarse en ningún banco público ni abrazar farolas en Moscú. Con la llegada del buen tiempo y la cercanía de dos fechas señaladas (1 de mayo ‘Día de los Trabajadores’ y 9 de mayo ‘Día de la Victoria’), el Ayuntamiento de la capital rusa contrata como cada año a todos los maleantes ociosos de la ciudad. Los agrupa en cuadrillas y arma con rastrillo y brocha gorda para acicalar Moscú tras el salvaje invierno. El pasado domingo, novato yo, cedí al despiste y me apoyé en un semáforo, tiñendo mis manos de un gris metálico de lo menos primaveral. Como es pintura barata, una buena frotada de Fairy limón en casa bastó para deshacer el entuerto.

Esta tarde me he bajado en la estación de metro Park Pobedy, la más profunda del metro de Moscú y la tercera del mundo (por detrás de sendas paradas en Kiev y San Petesburgo). Son 84 metros en vertical desde el nivel de la calle. A lo que nadie le gana es al tramo de escaleras mecánicas más largo del planeta, con 126 metros y 710 escalones.

Traducido a román paladín, Park Pobedy significa Parque de la Victoria. El recinto, de un tamaño como El Retiro, lo preside un descomunal monumento en forma de obelisco de granito de 142 metros de altura en recuerdo al mayor logro bélico del país, la victoria en la Gran Guerra Patriótica, como se conoce en Rusia a la II GM. La broma se cobró 26 millones de bajas soviéticas.

Aunque la tarde acompañaba, no había demasiada gente en el parque. Cuadrillas de chapuzas, viejos nostálgicos tomando el sol, algunos skaters y un par de limusinas de bodas casposas. España es el único país extranjero (=no soviético) con un monumento propio en tan patriótico enclave, una pequeña capilla en honor a los brigadistas, escondida en el rincón del parque opuesto a la entrada desde el metro. Me ha llevado cerca de dos horas  localizarla. Mi búsqueda no ha sido un acto desinteresado de morrinha patriótica, sino de simple profesionalidad, pues estoy trabajando en un reportaje sobre lugares españoles en Moscú… y no hay demasiado donde elegir.

De regreso al metro, he cronometrado por curiosidad el tiempo que se tarda en subir esos 126 metros de escaleras mecánicas. El reloj se ha parado en 2 minutos y 44 segundos. Lo mismo que dura, por ejemplo, este clásicazo ochentero de los Smiths, ‘This Charming Man’…

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