El otro deporte nacional

20 Mar

Como en casi todos los rincones del mundo, el deporte nacional en Rusia también es el fútbol (resultado mezcla de la tradición y la influencia occidental). Así que lo auténticamente ruso sería el 2º deporte nacional: el hockey hielo. Las pistas de baloncesto, fútbol sala o tenis/pádel de los parques españoles son de hockey en los parques moscovitas. Los niños por Navidad no piden una bicicleta o una raqueta sino unos patines y un stick. El clima ayuda en un país que pasa en temperaturas bajo cero casi la mitad del año.

No tengo especial interés por los deportes de invierno. Nunca he esquiado y soy feliz. No me gusta patinar porque me da miedo. Aún así, y en un alarde de profesionalidad impropio, acudí ayer por primera vez a un partido de hockey hielo, siguiendo el dicho de “allá donde fueres haz lo que vieres”. El bautismo consistió en un Dinamo de Moscú-Torpedo Nizhni Nóvgorod, 4º encuentro de semifinales de liga continental, título ambicioso para una competición que unifica a los clubes de la ex-URSS = 19 equipos de Rusia + 4 de otras tantas ‘colonias’.

Nunca había asistido a un partido de hockey ni visto uno completo. Aún así, en Rusia es imposible aislarse completamente del hockey. Como en los canales rusos lo retransmiten constantemente, muchos de los ratos que tengo encendida la TV como simple compañía y ruido de fondo coinciden con hockey. Confieso que no me despertaba ningún interés, pero gana mucho en directo porque el pabellón es pequeño y se puede seguir la pastilla sin problemas.

El papel de los árbitros

En el hockey hielo no escatiman en árbitros: a falta de uno tienen  cuatro, cuyo principal cometido es el de un portero de discoteca: evitar que la peña se zurre. Como objetivo secundario estaría ver si la pastilla entra en la portería y sube gol, lo cual no es fácil en las melés que se organizan bajo palos.

Para ser segundo deporte nacional, el público del hockey me pareció tirando a pijo, gente bien que sale de la oficina. El fútbol, en cambio, atrae a todo tipo de fauna yihadista como una red de arrastre (que en Rusia no es poco decir). La comparación fue sencilla, pues mi debut en hockey coincidió en hora con el derbi moscovita por excelencia (Spartak-CSKA), disputado también en Lizhniki, a escasos 300 metros del pabellón de hockey.

Como es lógico, dentro de un pabellón de hockey hace frío, no en vano hay que mantener el hielo. No es una rasca exagerada, pero sí la suficiente como para obligarte a mantener puesta la chaqueta. Lo cual no impide que haya equipo de cheerleaders. No sobre el hielo, sino en una plataforma ex profeso en una de las tribunas. ¿La indumentaria? Pompones, minifalda y botas altas. Faltaría más… esto es Rusia.

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