El frío en Rusia: parte I

24 Ene

 El imaginario colectivo del español medio sobre Rusia se compone de tópicos como el vodka, la mafia, las mujeres o el comunismo. Pero si hay un clásico indeleble, ese es el frío. Si bien el invierno en Moscú debe estar siendo este año algo más suave que de costumbre, es más que suficiente para que un españolito impresionable saque algunas conclusiones apresuradas.

Hace bastante más frío del que haya conocido nunca en Madrid. Bufanda, guantes y gorro ya no son complementos de moda sino equipamiento de supervivencia. Puedes sentir dolor físico, especialmente en orejas y boca, si no vas convenientemente cubierto. El viento es, por defecto, el principal enemigo, pues dispara la sensación térmica negativa. En ocasiones, por no decir a menudo, va acompañado de nieve o directamente hielo que puedes ver brillar en el aire de noche.

Por algún motivo geotérmico que desconozco pero maldigo, la calle que conduce del metro a mi casa (Gagarinski pereulok) parece la maldita ‘Cima de los Vientos’. No importa la hora del día o la dirección en la que camines que siempre sopla el viento y siempre lo hace de cara. El viernes por la noche salí a tomar unas birras con compañeros de clase. Los 5/10 minutos de paseo de madrugada desde la estación hasta casa en el camino de regreso quedan ya oficialmente establecidos como el momento más frío de mis 28 años. Instintivamente uno acelera el paso para acortar la penitencia, aún a costa de aumentar el riesgo de costalazo. Los canalones que van a dar a la acera (¡a quién se le ocurre!) son lo más peligroso, pues crean enormes placas de hielo del agua congelada que emanan. Conviene caminar con la cabeza baja, mirando la acera para localizarlos y regatearlos.

Efecto cebolla

El fin de semana instalé en casa un termómetro que bauticé como ‘Atech’ y cuya principal característica es medir la temperatura tanto dentro como fuera (mediante un sensor colocado en la parte exterior de la ventana). Desde entonces, ‘Atech’ se mueve entre 21ª y 22ª para la temperatura interior y entre -12º y -18º para la exterior. Eso supone momentos de hasta 40 grados de diferencia térmica y, claro, una hostia de frío cojonuda al salir a la calle. Al parecer, los muros de los edificios en Rusia tienen un grosor medio de entre 20-25 cms, por los 10-15 cms de los muros españoles.

El frío condiciona la vida social. Uno no sale de casa porque sí, para tomar un chato o ‘zascandilear’. Las distancias en esta ciudad son enormes, como ya comenté, y cada minuto al exterior cuando el frío azota es un pequeño desafío. Por otra parte está el momento cebolla, el de ponerte o quitarte todas las capas de ropa, que convierte en un proceso tedioso algo tan sencillo como por ejemplo salir a sacar la basura. Durante las peores semanas del invierno uno sencillamente reduce sus salidas de casa a la mínima expresión salvo necesidad o planazo.

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Una respuesta to “El frío en Rusia: parte I”

  1. Josovaru enero 24, 2012 a 6:04 pm #

    joder Karusito… que se te ha perdido alli en invierno… jajaj

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