Una tarde en el Gomelsky

10 Ene

Primera entrada del blog desde Moscú. Pagué 60 euros de sobrepeso en el avión, pero al menos me pude pertrechar con una botella de litro de Hendrix, un tesoro (su precio en Rusia supera los 100 euros) para calentar las noches más largas del invierno moscovita. Confieso que por ahora hace menos frío del que esperaba, unos 2 o 3 bajo cero de media. Supongo que cuando te preparas para lo peor, lo malo resulta sencillamente tolerable. Eso sí, pese a no hacer ‘demasiado’ frío, hay ya unos 20 cms de nieve.

La ciudad está preciosa y babear mirando por la ventana es un vicio confesable. Con las calles cubiertas de nieve y hielo, conviene aguzar los sentidos al andar por las aceras para no besar el asfalto. He escuchado ya anécdotas y leyendas de todo pelaje al respecto, al parecer un clásico de la cultura popular moscovita. Todavía no me he bautizado (sufrido mi primer coscorrón), pero se que será inevitable. Para cuando pase, debo recordar la consigna: levantarse presto y digno aunque duela como el infierno.

Ayer me acerqué al legendario Aleksandr Gomeslky (ahora Universal Sports Hall), pabellón del CSKA de Moscú de baloncesto. Encontrarlo fue una pequeña odisea. Imaginaros en las afueras de una capital ya de por inhóspita como Moscú, edificios enormes a gran distancia los unos de los otros, nieve por todas partes, ni un alma por las calles y la noche que se echa encima (durante el invierno en estas latitudes anochece como a las 16:30h). El rastro del mapa nos perdió en un complejo industrial entre edificios descomunales de arquitectura comunista. Rodeamos dos veces el Gomelsky sin percatarnos de que ya estábamos sobre la X: no podíamos imaginar que esa mole con aspecto de fábrica abandonada y sin el menor cartel indicativo fuese el pabellón del mejor y más lujoso equipo de baloncesto de Europa. No es difícil suponer que lo desangelado del enclave y lo anticuado del escenario tiene mucho que ver con la escasa entrada que acostumbra a registrar el pabellón.

Pero a mi eso me dio igual, porque mi esfuerzo tuvo recompensa: entradas en la fila 3 para ver el CSKA-Efes del top-16 de la Euroliga dentro de dos semanas y la camiseta de la estrella local y héroe nacional, Andrei Kirilenko (AK-47), que en diciembre plantó a la NBA por seguir en Moscú.


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Una respuesta to “Una tarde en el Gomelsky”

  1. Carlos enero 13, 2012 a 11:27 pm #

    Espero que el bautizo sea lo más tarde posible. Disfruta de ese partido de baloncesto.

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